Una noche de Halloween

BeaCreo y A.B. aprovecharon ese puente de Todos los Santos para hacernos una visita a Zaragoza, entonces yo estudiaba allí. La idea era pasar la noche de Halloween en el Brit, que era el garito de moda y donde ponían la mejor música. Las coincidencias a veces son muy raras, porque sí R.W. no se hubiera sentido algo “depre”, no se habría dejado caer por nuestra casa y por lo tanto tampoco habríamos acabado en el Valle de la Garcipollera la noche de todos los muertos.

R.W. es inglesa y ese finde se sentía triste. La razón es que echaba mucho de menos la fiesta de Halloween, ella quería decorar calabazas, disfrazarse y vivir la noche en la que los espíritus salen a pasear.

Pensamos que para animar a R.W. había que hacer algo especial, teníamos que ir a un sitio misterioso y abandonado, contarnos historias de miedo y ver si salían los espíritus de verdad.
El lugar está cerca de Santa María de Iguacel, por el Valle de la Garcipollera, en Huesca. Allí nos plantamos con las calabazas que R.W. ya había preparado el día anterior, unas cuantas mantas y unas buenas botellas de vino.

Fue genial contarnos historias de miedo en medio de la naturaleza, en plena madrugada, con los efluvios del vino y, aunque no vimos ningún fantasma, pasamos mucho miedo, menos mal que teníamos nuestras calabazas que nos protegían.

Feliz noche de Halloween.

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